- Novela
Una temporada para silbar / Ivan Doig
Es una novela entrañable y luminosa, ambientada en un pequeño pueblo de Montana a comienzos del siglo XX. La historia sigue a un maestro extraordinario cuya llegada transforma la vida de un grupo de niños y de la comunidad entera.
Con un estilo sobrio, elegante y cargado de matices, Doig construye un relato que combina la nostalgia con la esperanza, en la mejor tradición de la narrativa norteamericana humanista. Es una obra que celebra la dignidad de lo cotidiano y la fuerza de los lazos humanos.
Recomiendo esta novela por su capacidad de conmover sin caer en el sentimentalismo, por la hondura de sus personajes y por el lirismo de su estilo. Es un libro que invita a leer con lentitud, a escuchar los silencios entre las palabras, y a recordar que aún en los momentos más difíciles, siempre hay una temporada propicia para silbar.
“No cocina, pero tampoco muerde”. Así comienza el anuncio en el que Rose Llewellyn, una viuda de “buenas costumbres y disposición excepcional”, se ofrece en el otoño de 1909 como ama de llaves; la frase capta de inmediato la atención de Oliver Milliron, un viudo con tres hijos y poca maña en las tareas domésticas, que la contrata para poner un poco de orden en su casa de Marias Coulee, Montana.
Y así comienza también la inolvidable temporada que Rose y su hermano Morris, un dandi sabelotodo, pasarán en este pueblo de granjeros. Cuando la maestra local se escapa con un predicador, Morris se verá obligado a aceptar su puesto; sus particulares métodos de enseñanza marcarán para siempre a los jóvenes alumnos de la escuela rural. Ni ellos ni la familia Milliron ni el pueblo de Marias Coulee volverán a ser los mismos tras la llegada de Rose y Morris.
Ivan Doig está considerado como uno de los mejores cronistas contemporáneos del Oeste americano, alumno aventajado de autores como Wallace Stegner o Norman Maclean. Una temporada para silbar es una de sus mejores novelas, fruto de su particular manera de entender la vida y la imponente naturaleza de Montana.
Para toda una generación que vimos la “Casa de la pradera” se hace muy amena de leer, porque nos imaginamos a los protagonistas fácilmente viviendo en un terreno hostil de los colonos.