- Novela
Canijo / Fernando Mansilla
Sevilla, Barrio de San Julián, 1982. Canijo se instala en la ciudad y junto a él seremos testigos de la irrupción de la heroína en las calles hispalenses, y en las vidas de multitud de personajes que dejan de ser anónimos. Personajes lastrados por la “peste de los ochenta” y su actitud frente a ello. Y vertebrando toda la narración, vamos a asistir a una dramática epopeya familiar, la devastación y desintegración de los Molina a lo largo de la década y del libro.
Personajes ficticios basados en auténticos protagonistas de los hechos que se van narrando, el amor que se cuela por los mínimos resquicios que deja el solar de la heroína, localizaciones reales de tugurios y míticos locales relacionados con el menudeo, sugestivas descripciones casi cinematográficas de las calles y plazas del Barrio de San Julián y la Macarena y el “ambiente” que las impregnaba en esa década,…
El barrio, sus calles, el “Espumarejo”, San Luis, son uno más de los protagonistas principales de la novela. Porque toda la historia narrada de esos diez años trascurre en un espacio muy localizado y reducido, es una novela muy topográfica, va a la ánecdota/hecho y el sitio exacto donde ocurrió. Unos lugares que en esa época eran uno de los centros de criminalidad de la ciudad y hoy en día son focos de atracción turística. Como comenta Belén, la editora más joven de Barrett, el libro la transporta hasta una época que no conoció: “Los de mi generación lo leemos y somos incapaces de ir ahora por esas calles sin pensar en “Canijo”, y eso me parece una pasada. Que nos haya cambiado hasta la forma de ver nuestra propia ciudad es increíble”.
El ritmo de la narración, la “narración múltiple” de mismos hechos truculentos por distintas bocas protagonistas, las sencillas e impresionantes caracterizaciones de los personajes (reconocibles por cualquier lector porque de esos hay en cada ciudad y cada barrio, son universales), las descripciones de los “escenarios”, el lenguaje nada difícil, directo, muy diverso y preciso, todo cargado de una verdad apabullante, sin una pizca de impostación. Trepidante y muy emocionante.